Dialogamos con el especialista en medios e investigador sobre la aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y sus efectos.
Por Juan Leo López
Martín Becerra es profesor titular en las universidades de Quilmes y Buenos Aires, doctor y magister en Ciencias de la Información y autor de numerosos libros y artículos sobre políticas de comunicación. Investigador del CONICET, también dicta en la UNQ una maestría sobre Industrias Culturales.
¿Qué balance hacés de la Ley de Medios a casi cinco años de ser aprobada? ¿Cambió en algo el mapa de poder mediático en la Argentina?
Mirá, la ley en sí es bienvenida, porque plantea objetivos que son inclusivos, tanto porque permite el acceso a licencias a organizaciones sin fines de lucro, a las cooperativas, entre ellos, como porque pone límites a la concentración de grandes grupos. No límites demasiado estrictos, la verdad es que son límites moderados, pero me parece que era necesario hacerlo. Plantea también una autoridad de aplicación (Afsca) que tiene presencia de fuerzas de la oposición, algo inédito en la historia argentina. Plantea también exigencias para los medios estatales, que más allá de que creo no se cumplen, están muy buenas. Es cierto que tiene problemas, como toda ley. Ahora, si ocurre como muchos periodistas de los principales medios opositores, uno quiere encontrarle problemas, se los va a encontrar. Yo, que me dedico a comparar regulaciones de otros países, puedo decirte que no hay leyes perfectas, y te hablo de las regulaciones de Alemania, EE.UU, Gran Bretaña, Francia, Suecia, etc. En todo caso, me parece una ley buena dado el contexto en que veníamos, me parece un avance grande. Ahora, si a mí me citasen para aportar alguna formulación o contenido, seguro que haría muchos cambios.
¿Y con respecto a su aplicación?
Más que mala diría que fue deficiente, porque muchos de los objetivos de la ley no se han concretado y siguen lejos de concretarse, como el 33% del espectro para las organizaciones sin fines de lucro, estamos muy lejos de eso, como también de que los medios estatales sean plurales, o de que algunos grupos que no son Clarín, como Telefónica, dejen de ser una estructura concentrada. No cambió mucho la concentración, lo que cambia son los nombres de los actores concentrados. Yo creo que hay un sector de la sociedad civil organizada y un sector de la militancia política que tienen como principal objetivo desmontar a Clarín o disminuir el poder de fuego del principal grupo multimedios. Ahora, para mí el problema de la concentración es independiente de que el actor principal se llame Clarín, Szpolsky, Electroingeniería o La Nación. La concentración en sí es un problema, porque es la concentración de la palabra, del dominio, porque limita y erosiona la posibilidad de deliberar, de distribuir más o menos democráticamente en una sociedad la capacidad de expresión. Pero bueno, si sólo aplicás esta ley a Clarín y no a Telefónica, por ejemplo, el objetivo de la ley no se cumple.
Leí en la web un artículo tuyo que hacía referencia a una posible paradoja que resultaría de la Ley de Medios: que el grupo Clarín, al verse obligado a separarse en unidades económicas más pequeñas, tal vez se viese favorecido por la competitividad y diversificación que esto implica…
Sí, como dice el dicho: “lo que no te mata, te fortalece”. Hay un caso parecido en este momento en América Latina, que es el de Slim en México, donde la puesta en marcha de una regulación que intenta disminuir el control de mercado que tienen algunos de estos grupos, paradójicamente, implica que la desconcentración parcial de los mismos (porque es parcial) puede terminar a mediano o a largo plazo fortaleciéndolos. Porque cuando se especializan en determinados nichos, reducen esa presencia predominante que causa malestar no solamente en el gobierno sino en buena parte de la clase política y la sociedad en conjunto. Es así que son menos visibles, siguen teniendo una estructura corporativa enormemente poderosa desde el punto de vista económico y político, pero esta disminución les da una nueva “cintura” para moverse en redes.
Saliendo de los medios tradicionales, pasemos a una discusión central que en el presente se despliega a nivel planetario y es, además, objeto de tu investigación: la regulación o gobernanza de Internet
Lo primero que debemos decir es que Internet no carece completamente de regulación. Las regulaciones de todos los procesos de comunicación no sólo son mediante ley: las hay económicas, o sea, hay un precio para acceder. Hay regulación a partir de los usos culturales, las hay de los operadores de interés, como por ejemplo el algoritmo de Google, que es una regulación que permite que si cumplís determinadas condiciones tenés acceso, es una forma de regulación privada.
¿Y qué ocurre con el papel de la legislación que actualmente promueven los Estados, un poco después del tema espionaje que activó Snowden? También hay algunos proyectos de ley en el Congreso argentino que vendrían con polémica.
Bueno, tenemos el caso de Brasil donde hay una reciente sanción de la Ley de Marco Civil de Internet que es una muy buena regulación legal aprobada por el Congreso y la presidenta Dilma Rousseff. Me parece inclusiva y democrática. Lamentablemente, en el parlamento argentino estos temas están más larvados, no se discuten mucho ni de manera integral. Hay mucho desconocimiento. El año pasado el Congreso sancionó una ley que para mí es peligrosa, que ya rige en la Argentina y es la Ley de Grooming. La Argentina ya tiene una ley de 2005 que tiene un solo artículo y sostiene que se extiende la garantía constitucional de la libertad de expresión, es decir, de la libertad de buscar, recibir, producir y hacer circular opiniones e ideas, a Internet. Esta es una ley “paraguas”, pero permite una defensa de la libertad. Esto no es menor, porque cuando aparecen intentos de leyes sobre Internet, en la cabeza de muchos legisladores se representa la amenaza del cibercrimen, de la pornografía infantil, o sea, casi automáticamente deriva en una lógica punitiva, en un “vamos a tratar de restringir tal cosa”, etc. El peligro es que esta perspectiva punitiva deriva después en leyes que son fronterizas con la censura. Porque con el argumento de limitar, por ejemplo, la pornografía infantil, terminás autorizando a actores privados como Google, como Taringa o como Facebook, para que ellos decidan qué se coloca y qué no en las redes.
Pasemos a la televisión, por el formato televisivo que a pesar de que Internet revolucionó los usos y pantallas, todavía impone la agenda mediática. ¿Cómo puede leerse esto?
Pienso que la televisión sigue siendo el principal organizador de nuestro discurso masivo. Todas las sociedades definen ámbitos de organización del discurso masivo, porque necesitamos una agenda, lo que nos cohesiona como sociedad y nos define, para bien o para mal. La TV lo es y lo ha sido durante muchas décadas, antes fue la radio y ahora Internet no es una sola plataforma, es una especie de convergencia de múltiples plataformas en donde hay televisión, hay radio, hay redes sociales que son naturales de Internet y como decís, la agenda de Twitter o Facebook son vicarias de la agenda de los medios tradicionales. En lugar de ser relevo de estos medios, son reproductoras en buena medida de los mismos.
Lo que ha hecho que cambie la lógica de estos medios tradicionales…
Totalmente. En algunos países la investigación de mercado sobre las audiencias, esto es, el rating, se mide también a partir de las redes como Facebook. Acá tenemos el caso de Mario Pergolini, con su plataforma de radio Vorterix, donde renuncia a ser medido por IBOPE, porque sabe que puede identificar a cada uno de sus oyentes, qué edad tienen, cuánto tiempo están, si navegan por la página, si son más pasivos, etc. Creo que estamos ahora mismo en este momento histórico, en una transición muy interesante en donde hay una negociación entre medios tradicionales que durante décadas generaron/construyeron agenda, y plataformas que dispersan el lugar monopólico que tenían la tele o la radio, que ya no son los protagonistas, pero sí actores centrales, eso queda claro.
¿Y qué análisis hacés de la posibilidad de desarrollo que tiene la TV cooperativa, o de las organizaciones sin fines de lucro, o de las universidades en este nuevo escenario?
Creo que las expectativas de impacto social y televisivo tienen que ser moderadas, porque la televisión es un vínculo, no es la programación de un canal por un lado y la audiencia por otro. Es un vínculo que como sociedad creamos con determinada lógica de producción de contenidos, con actores y actrices, con géneros. No es casual que durante determinados momentos históricos se impongan ciertas telenovelas costumbristas y en otros momentos lo más fuerte sean las producciones periodísticas políticas, etc. La TV es un vínculo que no cambia de un día para el otro, o sea, no es que porque uno tiene una licencia de televisión cambiará la forma de ver de los televidentes, esto es importante considerarlo para el desafío que tienen por delante las entidades licenciatarias de televisión.
