Tras la cumbre en radical en San Fernando, la diputada chaqueña “pateó el tablero” y rompió con la mesa de presidenciables de UNEN. OPINION de Eduardo Román en Radio Urbana.
Por Eduardo Román
Pasó lo que todo el mundo estaba esperando, y quizá haya sido ella quien provocó la cumbre del radicalismo en San Fernando. A esta altura, cabe preguntarse: ¿cuál de todas las “Lilitas” que conocemos es la verdadera? ¿La del 22 por ciento del voto que quiso evitar que Cristina Fernández sea presidente por primera vez en 2007? ¿Es la del 1,8 que pasó vergüenza en el 2011, dejando solo ante las cámaras y los micrófonos a Adrián Pérez? ¿O es la que supo construir hace apenas un año a UNEN, junto a los espacios políticos y las figuras que ahora acaba de abandonar?
Probablemente, la dirigente chaqueña, sea todas esas, aunque su accionar político ha dejado sin lugar a dudas, un tendal de resentimientos.
¿Cuál es el dirigente radical con que Elisa Carrió se ha manifestado siempre identificada? Leandro N. Alem. Este hombre supo hacer mucho a favor de la república en el siglo XIX, en un contexto de sometimiento al imperialismo británico. Él fue el creador de la Unión Cívica, y debió agregar más luego la palabra “Radical”, justamente para extremar su postura, aunque no fuera predominante. Quizá, no tuvo el coraje para esperar hasta 1916, cuando en elecciones libres y obligatorias el radicalismo accedería por primera vez al poder. En 1896, se suicidó.
La política argentina tiene dos grandes actrices: Cristina Fernández de Kirchner, y Elisa Carrió. Ambas comunican desde lo emocional, marcadas por su condición de mujer. Precisan sensibilizar al electorado. Esto, no es en modo alguno, una subvaloración de sus capacidades políticas.
En más de una ocasión Carrió manifestó que Alem no tuvo otro camino más que el de quitarse la vida. Tras el 2011, estábamos cerca de un suicidio político, y sin embargo, ella resurgió de las cenizas.
La crítica que siempre se le hecho a la chaqueña es la de romper todo lo que construye. Sin embargo, ella entiende que para vencer al Frente para la Victoria es necesario unir UNEN con el PRO, y así tener chances verdaderas.
Probablemente, en ese diagnóstico no se equivoque, aunque valga la pena recordar la experiencia de la Alianza, que terminó estallando en mil pedazos.
Las herramientas electorales no pueden ser los únicos objetos de discusión, dado que Carrió con Macri demorarían en enemistarse menos de lo que “Chacho” Álvarez tardó con De la Rúa.
Por otra parte, Carrió carece de cualquier tipo de estructura partidaria y territorial seria. Apenas un puñado de legisladores a nivel nacional, y en los niveles locales muchos de ellos electos a partir de la experiencia de UNEN. Tampoco se caracteriza la Coalición Cívica por una nutrida militancia.
Es por eso que los movimientos de “Lilita” son mediáticos. La legisladora chaqueña se ufana de ser una “gran estratega”, sin embargo su accionar político en los últimos años se asemeja mucho más a la de una gran tacticista. Demasiados “golpes de efecto”, y pocos resultados en el largo plazo.
¿Acaso el Jefe de Gobierno porteño a sabiendas de la personalidad de Carrió necesita verdaderamente de ella? Desde su ruptura con UNEN se ha dedicado a defenestrar mediáticamente a quienes fueron sus socios políticos hasta hace apenas minutos.
La Argentina ha tenido sobrados ejemplos en malas relaciones entre Presidentes, y Vices: Kirchner y Scioli, Cristina y Cobos, Cristina y Boudou, ni que hablar de De la Rúa y Álvarez.
En el imaginario colectivo de un sector de la sociedad, UNEN y PRO debieron de trabajar conjuntamente, con Carrió como nexo y vaso comunicante. El “portazo” dado por “Lilita” a su propia construcción implica un barajar y dar de nuevo: no solo no suma votos, si no que los divide.
No están claras cuáles hubieran sido sus chances dentro de UNEN. Lo que sí es seguro, es que Carrió no vale lo que valdría junto a sus ahora ex aliados. Sola valga probablemente el 1,8 por ciento de 2011.
