Ciudad

Los vecinos de la Villa 31, deberán solicitar autorización oficial de la Ciudad para construir

El gobierno de la Ciudad, busca controlar el acceso de materiales de construcción a la Villa 31. Desde el día de hoy, los habitantes del barrio deberán informar.

A partir de hoy, en las villas 31 y 31 bis de Retiro ya no se podrá ingresar libremente con materiales para la construcción. Es la meta del gobierno porteño. Por eso, promoverá que quienes pretendan construir allí primero obtengan una autorización oficial. Según la Ciudad, estas limitaciones buscan que el proyecto de urbanización ejecutado en esos barrios se desarrolle con mayor eficiencia.

Muchos vecinos del asentamiento estuvieron de acuerdo en que el incesante crecimiento vertical registrado allí es peligroso por la ausencia de inspecciones estatales. Pero a la vez mostraron inquietud por una dificultad que, según afirman, acarrearán los controles para quienes consigan permisos de obras: los fletes de los corralones externos no quieren ingresar a los domicilios dentro de la villa. Así lo aseguraron varios referentes barriales a LA NACION.

“Son los vecinos quienes piden que el gobierno ejerza un control sobre las construcciones que se ejecutan en el barrio, tal como se procede en el resto de la ciudad. Hay vecinos que se quejan porque quienes construyen tapan ventanas, accesos o espacios públicos”, destacó Diego Fernández, secretario de Inclusión Social y Urbana, que tendrá a cargo los controles de ingreso de materiales.

Ahora, para poder ejecutar una obra, los residentes deberán ingresar un pedido en una oficina que la secretaría tiene dentro de la villa, tras lo cual un equipo técnico conformado por un arquitecto y un trabajador social visitará la vivienda para analizar el caso, corroborar la necesidad de obra y realizar el informe de autorización.

Fernández recordó que el plan consiste en “controlar” el ingreso de materiales, no en prohibirlo. “Quien quiera construir deberá detallar ante el gobierno la obra que pretende desarrollar para obtener una autorización”, precisó.

Estas dos villas ocupan un espacio de 320 hectáreas que se extienden desde la estación de Retiro hasta la altura de la calle Austria, en la Recoleta. Allí viven cerca de 40.000 personas. Según datos del Instituto de la Vivienda de la Ciudad, el 53% de los vecinos es extranjero; en su mayoría, de nacionalidad paraguaya. La población es joven: el 68% tiene menos de 30 años.

“Algunas construcciones ya alcanzaron los siete pisos y, si bien quienes construyen tienen nociones prácticas de edificación, por una cuestión de seguridad el Estado debe hacerse presente para establecer reglamentaciones y controles”, opinó César Sanabria, vecino y referente del asentamiento. Añadió que los habitantes de la villa deben tener “derechos y obligaciones”.

“Chacho” Mendoza, otro vecino y representante barrial, coincidió en que hay que fijar controles estatales, pero advirtió que, sin embargo, se afectarán las fuentes laborales de “mucha gente” que trabaja en corralones dentro de la villa. “Deberían haber empezado a controlar antes de que la actividad creciera tanto”, dijo.

Ya en 2008 un fallo judicial ordenó que “se arbitren los medios necesarios para impedir la prosecución de nuevas construcciones en las villas 31 y 31 bis que no cumplan la normativa relacionada con la edificación y la habilitación de las mismas”. Hasta ahora, no se logró.

Mendoza explicó además que los vecinos no pueden comprar materiales fuera de la villa porque los fletes no quieren ingresar. “Si me dejan 20 kilos de arena en la puerta del barrio, a cinco cuadras de mi casa, ¿cómo la llevo?”, se preguntó.

Según datos, en las villas 31 y 31 bis funcionarían casi 10 corralones, que emplearían alrededor de un centenar de personas.

Gustavo Lugones, vecino y delegado de la villa 31, opinó que “hay que distinguir entre quienes agrandan su vivienda para hacerles lugar a sus hijos y quienes construyen para alquilar las piezas con el fin de hacer un negocio inmobiliario”.

Fernández explicó que los nuevos controles integran el plan de urbanización que la Ciudad desarrolla en estas villas. La primera etapa incluye el desarrollo de infraestructura básica: red cloacal, desagüe pluvial, agua potable, alumbrado público, pavimentación de calles, caños de servicios y mejoramiento de viviendas. Por el momento, las obras se limitan al sector Cristo Obrero, uno de los nueve que hay en las villas.