Ciudad

Avenida de Mayo y Gran Vía, hermanadas ahora por las letras

Mariana Vicat Machado presentó el libro que repasa la historia de las avenidas. Estaban presentes el ministro de Cultura de la Ciudad, el embajador de España y el presidente de la Asociación Amigos de la Avenida de Mayo.

Por Lucas Gravano

Las avenidas fueron una síntesis, la mejor excusa que encontró la periodista y escritora Mariana Vicat Machado para contar algo mucho más íntimo: la identidad entre Argentina y España. Ayer presentó en la Casa de la Cultura el libro que recorre la historia, la arquitectura y la implicancia cultural de Avenida de Mayo y la Gran Vía madrileña (“Avenida de Mayo y Gran Vía, el libro del hermanamiento”). Acompañaron a la autora el ministro de Cultura de la Ciudad, Hernán Lombardi; el embajador de España en Argentina, Estanislao de Grandes Pascual y Manuel Pérez Amigo, presidente de la Asociación Amigos de la Avenida de Mayo.

El público colmaba las butacas del Salón Dorado, en el antiguo edificio del diario La Prensa, al 575 de Avenida de Mayo. Pasadas las 16.30, Vicat Machado inauguró el acto con una cita que ilustra esencialmente a su obra: “Si tenemos en común dos avenidas, tenemos en común dos pueblos”. El libro, que se presentó en Madrid el año pasado, es un nuevo capítulo en la intrínseca relación cultural entre porteños y madrileños. Independientemente de que Buenos Aires y la capital española ya eran ciudades hermanas desde 1982, las asociaciones de amigos de las avenidas firmaron, a fines de 2011, un pacto de hermanamiento.

Después de la breve introducción de la autora, tomó la palabra el presidente de Amigos de Avenida de Mayo, Pérez Amigo, y repasó la historia de la arteria porteña. Ideada por Torcuato de Alvear en imitación a los bulevares parisinos, después de largas batallas judiciales por las expropiaciones, se inauguró en 1894; casi dos décadas antes que la Gran Vía, de 1910.

Se refirió especialmente a la Avenida de Mayo como testigo presencial de los acontecimientos que fueron conformando la metrópoli. Fue el sitio desde donde partió el primer subterráneo de Latinoamérica, la línea A; el primer ómnibus que transitó la ciudad y también el primer automóvil. En uno de sus edificios se instaló el primer ascensor del país y, en el Hotel Majestic, el primer reflector. También se radicó el Palacio Barolo, que fue la construcción más alta de América del Sur durante varios años.

“A la Avenida de Mayo la quiero profundamente porque creo en los valores éticos, todos los buenos hombres son parte de la avenida. Esta es la calle símbolo, la usina de la idiosincrasia porteña. Algunos dicen que está casi muriendo porque no tiene negocios, el valor no es su faz comercial, es lo que ella tiene dentro de sí. No está muerta, están engañados los que así piensan”, concluyó emocionado Pérez Amigo.

Después, tomaría la palabra Estanislao de Grandes Pascual. El embajador español dijo sentirse orgulloso por “el rastro que dejó su país en esta maravillosa Argentina”, agradeció al Gobierno de la Ciudad por apoyar las iniciativas que fomentan la relación permanente entre los países y aprovechó la oportunidad para reclamar por la “pronta restauración” del Monumento a los Reyes Católicos, emplazado en la Costanera Sur. Además, anunció que se mantenía en contacto con empresas españolas dispuestas a invertir en los arreglos.

A mediados de 2013, a causa del desplazamiento del Monumento a Colón en manos del Gobierno nacional, se reavivó el debate en torno al papel de los ibéricos durante la conquista de América y la instalación de monumentos que a ella se referían. En ese sentido, el ministro Lombardi apoyó la postura española, se comprometió a cumplir con la petición del embajador e instó a “evitar en la mirada del patrimonio de las ciudades cualquier falso anacronismo”. Por último, agregó: “Intentar reescribir la historia sin entender los procesos que se llevaban a cabo en ese momento es un mecanismo perverso. Homenajear a los Reyes Católicos es homenajear de dónde venimos”. Lombardi cerró el acto con su agradecimiento a la autora y a los presentes por asumir “el desafío de profundizar la relación” entre España y Argentina.

El hermanamiento de las avenidas se trata de algo mucho más profundo que las similitudes en sus cafés, la longitud, el valor patrimonial de sus edificios, el comercio o la cantidad de turistas que reciben. Es el espacio que ocupan en la cultura ciudadana, el reencuentro con el pasado y sus influencias. Ser símbolos en sus propios mapas, una de cada lado del Atlántico, y de alguna manera encontrarse.