Politica

Organizaciones sociales: suman poder de los dos lados del mostrador

Nacieron con los piquetes y crecieron al son del aumento de la pobreza y, con ello, de los planes sociales que manejan.

La mudanza de la Secretaría de Integración Socio Urbana (SISU) del Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat al de Desarrollo Social, con un presupuesto multimillonario que directamente maneja el sector de las organizaciones sociales conducido por Juan Grabois, volvió a correr el velo a la enorme injerencia y participación de estos espacios en el Gobierno nacional. Como publicó La Tecla en su edición del 19 de noviembre de 2019, el sector piquetero iba a tener, inexorablemente, más participación en las decisiones de políticas públicas. Y eso se concretó con creces.

La cartera de Desarrollo Social, que conduce Daniel Arroyo, tiene a varios funcionarios vinculados a las organizaciones, sobre todo aquellas que confluyen en la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP). Este sindicato se creó a fines del año pasado desde del Triunvirato San Cayetano, que juntó a la Corriente Clasista y Combativa (CCC), parte de Barrios de Pie y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), entonces conformada por el Movimiento Evita, el Movimiento Teresa Rodríguez y el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE). Traducido en nombres: Juan Carlos Alderete, Daniel Menéndez, Emilio Pérsico y Juan Grabois, entre otros.

La mayoría ocupa cargos en el Estado, y los que no, tienen una gran incidencia en las políticas sociales diseñadas por la Casa Rosada. Claro que otros sectores, más vinculados a los partidos de izquierda, están fuera de este círculo, y son los señalados de motorizar las tomas de tierras, como la ocurrida en Guernica. También existe una tensión entre las organizaciones afines al Gobierno y La Cámpora, que busca incrementar su participación barrial. Por otra parte, la relación entre los intendentes y los movimientos, históricamente es de tensión. Los jefes comunales tienen una lógica territorial y, más allá de que sean del mismo color político que Nación, la convivencia en el pago chico, no siempre es la mejor.

De todos modos, el poder de las organizaciones sociales se ha incrementado considerablemente con la llegada del Frente de Todos, y tienen la posibilidad de manejar millonarias cajas vinculadas a los planes sociales, las cooperativas de trabajo, la asistencia barrial y la urbanización de villas. Ahora, los líderes cuentan con los “fierros” no sólo para acercar las soluciones que pedían cuando estaban del otro lado del mostrador, sino para hacer política. El Movimiento Evita, de Pérsico, y el MTE, de Grabois, son los más potentados en este sentido.

Los movimientos sociales afines al peronismo crecieron durante el Gobierno de Cristina Fernández y no se retrajeron durante el de Mauricio Macri. Todo lo contrario: aumentaron exponencialmente su participación en los planes sociales, y de los 570.000 que monitorea hoy la Secretaría de la Economía Social dirigida por Pérsico, unos 350.000 fueron otorgados por Cambiemos, que así contuvo la demanda ascendente ante el fracaso económico. Ahora ya son parte del Gobierno, y hasta logran la aprobación de un cambio de ministerio por desacuerdos con la titular del área, como pasó con Fernanda Miño y la ministra de Desarrollo Territorial, María Eugenia Bielsa. Miño y Grabois ganaron esa pulseada, que, además fue bienvenida por el ministro Arroyo.