Sociedad

Los nueve años para Carrasco y una condena que marca un hito en la jurisprudencia argentina

El periodista fue sentenciado a nueve años por violación. La condena dejó un mensaje claro: “No es no”, también dentro de un vínculo de pareja o luego de haber mantenido relaciones sexuales de mutuo acuerdo.

El juicio al bloguero Lucas Carrasco, condenado ayer a nueve años de prisión por violación, concentró todas las miradas no sólo por el carácter mediático del acusado sino también porque generaba gran expectativa en torno a un tipo de caso sobre el que no había –hasta ahora- demasiada jurisprudencia: los abusos sexuales y violaciones en el marco de una pareja o de relaciones consentidas. La condena al periodista dejó un mensaje claro: “No es no”, también dentro de un vínculo de pareja o luego de haber mantenido relaciones sexuales de mutuo acuerdo.

Carrasco fue denunciado formalmente en junio de 2016 ante la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM). La denunciante, Sofía Otero (27), afirmó que luego de mantener relaciones sexuales consentidas el acusado le efectuó prácticas sexuales no consensuadas en dos oportunidades. Es decir, la violó.

“Me parece que es una jurisprudencia de avanzada porque está entendiendo el consentimiento desde un lugar de la voluntad propia de la mujer, sin tener en cuenta otras circunstancias ajenas, como por ejemplo, que haya consentido tener una relación o que sea la novia o esposa. Hace a la libre decisión de la mujer y lo está señalando expresamente, con lo cual me parece que avanza mucho en lo que tiene que ver con los derechos de la mujer y la no violencia, porque está marcando que ‘no es no’”, analizó la abogada Viviana Beigel, en diálogo con el portal Unidiversidad.

Los abusos y violaciones en el marco de una pareja se encuentran entre los más difíciles de denunciar y probar, pero algo está cambiando en el ámbito judicial en el marco de las luchas feministas. La condena de ayer es prueba de ello.

«El abuso intramatrimonial es un tema muy complejo. Los abusos suelen darse en ámbitos privados, sin testigos. Y encima, en estos casos, las relaciones sexuales son algo esperables. Por eso es una problemática particular dentro de otra más general como son los delitos sexuales», explicó a Clarín Mariela Labozzetta, al frente de la UFEM, Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres.

En un delito sexual la prueba más importante es el testimonio de la víctima. A veces es la única prueba. «Como sistema de Justicia no podemos responder que no se puede seguir adelante porque eso sería habilitar la impunidad de abusadores y violadores. Hay que investigar», remarcó Labozzetta. Y comparó estos delitos con los crímenes de lesa humanidad que se cometieron en la clandestinidad y en los que el Estado no dejó huellas ni registros, donde el testimonio en muchos casos es la prueba más relevante, o la única.

La UFEM acompañó a Otero al comienzo de su denuncia contra Carrasco. Junto a las especialistas Sofía terminó de comprender que además de haber tenido relaciones sexuales consentidas había sido víctima de una violación. «Se está entendiendo que es un delito -dijo Labozzetta-. Por eso hay denuncias contra Aldana (el cantante de El Otro Yo, condenado a 22 de cárcel por abuso sexual y corrupción de menores), contra Carrasco. Se abrió una olla».

Días atrás, de hecho, se conoció el caso de un analista de sistemas condenado a seis años de cárcel por haber violado durante seis meses a su pareja, en el ámbito de su propia casa, hasta que ella se fue. «Me costó escuchar que la terapeuta me dijera que tenía de pareja a un psicópata, que me tenía que dar cuenta de que me violaba y que me tenía que ir de mi casa», contó la sobreviviente del abuso. En mayo de 2015 finalmente denunció a su pareja en la Oficina de Violencia Doméstica. «La violencia sexual es la más desestructurante psíquicamente, es el ejercicio del poder en la forma más descarnada. Genera sentimientos de temor, de ansiedad, de tristeza, un ataque constante a la autoestima», concluyó el alegato de esa entidad.