Politica

En medio de un festival de aprobaciones exprés, tres marchas atrás producto de la lucha

El gran logro de residentes y concurrentes, que consiguieron la derogación de una ley que los precarizaba aún más, no fue el único.

La polémica sesión de este jueves en la Legislatura, con proyectos de último momento y apuro oficialista por aprobar todo antes del cambio en la formación del cuerpo parlamentario, incluyó también algunos logros producto de la lucha de comunidades movilizadas. La primera y más celebrada, sin dudas, fue la derogación de la ley que precarizaba aún más el trabajo de residentes y concurrentes en hospitales públicos porteños.

Pero no fue la única. También hubo marcha atrás en el proyecto que buscaba poner a la venta un codiciado predio de Palermo. En este caso las protestas habían llegado directamente desde la Policía Federal, porque el predio en cuestión es el que utiliza la Policía Montada. El proyecto preveía levantar allí torres de 150 metros de altura.

En tanto, vecinos y vecinas de Caballito se movilizaron para frenar el intento de última hora de vender terrenos ferroviarios de su barrio, último pulmón disponible para un espacio verde. “Lxs vecinxs de Caballito logramos que Larreta no pueda vender los terrenos de la playa ferroviaria. Producto de la lucha y movilización vecinal, el Jefe de Gobierno se vio obligado a sacar de tratamiento en la Legislatura la venta de los terrenos del Playón Caballito”, difundió el comunero Osvaldo Balossi. Y agregó: “Esta es una victoria de todxs lxs vecinxs del barrio, vamos a seguir trabajando para tener el gran parque que nos merecemos, un espacio público y verde para todxs lxs vecinxs”.

Horas antes, el legislador de Unidad Ciudadana Mariano Recalde había advertido sobre un hecho “gravísimo”: «A 5 días de dejar el gobierno, Macri le transfiere las tierras de la Playa Ferroviaria de Caballito a Larreta para que las venda y el producido engrose los ingresos de la Ciudad. Transferencias de recursos y negocios hasta el último minuto». El diputado remarcó que «en el mismo acto de aceptación del inmueble, la Ciudad lo declara innecesario para la gestión de gobierno. ¿Para qué lo acepta entonces? Solo para venderlo y que unos pocos empresarios sigan haciendo negocios.»