Politica

Desde hoy la Villa 1-11-14 pasará a llamarse Barrio Padre Rodolfo Ricciardelli

En la sesión de hoy en la Legislatura porteña la Villa 1-11-14 cambiará formalmente de nombre y pasará a llamarse Barrio Padre Rodolfo Ricciardelli.

Durante la sesión que tendrá lugar hoy en la Legislatura la Villa 1-11-14 cambiará formalmente de nombre y pasará a llamarse Barrio Padre Rodolfo Ricciardelli. Este cambio fue impulsado durante muchos años de movilización de los vecinos, las instituciones, los delegados, los docentes, las organizaciones sociales y políticas del barrio y de los párrocos que, luego de la muerte de Ricciardelli, ocuparon su lugar en la Parroquia Madre del Pueblo, ubicada en el corazón del ahora Barrio Padre Rodolfo Ricciardelli.

Las legisladoras Paula Penacca y María Rosa Muiños, ambas del Frente de Todos, fueron las que impulsaron esta iniciativa de los vecinos en la Legislatura.

Si bien la idea surgió hace tiempo, la Ley 83 prohíbe designar calles o lugares públicos con nombres de personas antes de haber transcurrido diez años de su desaparición física. Por lo que hubo que esperar hasta el 2018 para iniciar el procedimiento administrativo y legal para cambiar la denominación de la Villa 1-11-14.

La historia de Ricciardelli excede ampliamente los límites geográficos del barrio que llevará su nombre. Fue Secretario del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo en los convulsionados años 70, luchó contra las topadoras de las distintas dictaduras que querían «erradicar» a las Villas de la Ciudad, viajó junto a Juan Domingo Perón en uno de los viajes que lo trajo a la Argentina durante su largo exilio. No ocultó nunca su adhesión al peronismo al que consideró un movimiento revolucionario porque el «pueblo se expresaba a través de él» y ya en el 2008 escribió junto a otros sacerdotes villeros una carta al entonces jefe de Gobierno, Mauricio Macri, en donde advertía que si la «urbanización» implicaba la colonización de la cultura porteña por sobre la cultura villera entonces no estaba de acuerdo.

Su obra social en el Bajo Flores es recordada por todos y representa una marca indeleble en el corazón de su barrio. Su impronta y mensaje de solidaridad, de paz y de la «cultura del encuentro» se ha convertido en la identidad del barrio que tantas veces es señalado por los medios y funcionarios como causante de muchos de los problemas de la Ciudad.

A partir de hoy, el barrio deja de ser un número y renace con el hombre que vivió como pensó, que se mimetizó y jerarquizó la cultura villera y que hizo de la coherencia y la solidaridad una forma de concebir y de transitar la vida.